Gen Z será la mayor cohorte de consumo mundial en pocos años, y ya está redefiniendo cómo se relaciona con las marcas. Es una generación hiperconectada, pero también más ansiosa; busca individualidad, pero necesita comunidad. Los estudios globales la dividen en dos corrientes: un lado más enfocado en estética y aspiración, y otro que canaliza la ansiedad en activismo y vulnerabilidad compartida.
Lo que ambos lados comparten es un radar altísimo para detectar cuándo una marca fuerza su lenguaje o se apropia de una causa sin sostenerla en el tiempo.
En Santiago, esa generación se organiza en microcomunidades muy concretas: barrios creativos como Barrio Italia funcionan como punto de encuentro entre lo digital y lo físico, donde talleres, ferias y espacios independientes conviven con una lógica de pertenencia más que de consumo puro.
El mensaje para las marcas chilenas es simple, aunque no fácil: dejar de hablarle a «la Gen Z» como bloque uniforme, y empezar a hablarle a causas, estilos de vida y comunidades específicas. La autenticidad, para esta generación, no es un plus. Es el mínimo de entrada.
¿Tu marca podría sostener hoy, sin guion, una conversación de 10 minutos con alguien de 20 años sobre por qué existe?

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