Ser latino dejó de ser solo identidad cultural, ahora es también estrategia de negocio. Los informes de economía creativa muestran que Latinoamérica ya aporta más de 2% del PIB regional en industrias culturales, y WGSN describe el momento como «Efervescencia Latina»: la región dejó de seguir tendencias del norte para empezar a marcarlas.
La señal está en todos lados: Bad Bunny, Karol G y Mon Laferte lideran listas globales sin diluir su estética; Netflix invierte fuerte en producciones latinoamericanas; marcas de belleza como Ceremonia construyen su propuesta completa alrededor de rituales ancestrales. Latam ya no es nicho, es fuerza cultural.
En Chile ese orgullo también se destila, literalmente @almavivawinery se posiciona hace años como lujo latino y no como imitación francesa, apostando por terroir, historia y símbolos propios para competir de igual a igual con Europa. Es la prueba de que contar la historia desde acá, sin maquillarla para «parecer del norte», también vende.
La generación joven en la región declara sentirse orgullosa de sus orígenes como nunca antes. Para las marcas chilenas, el desafío ya no es traducir tendencias globales: es animarse a exportarlas.
¿Qué tan seguido tu marca cuenta su historia como si tuviera que disculparse por ser de acá?

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