La alta cocina chilena, como acto cultural. 

Tenía pendiente desde hace mucho tiempo conocer Pulpería Santa Elvira. Y debo decir que aún no olvido la experiencia que fue descubrirla por primera vez…

La casa de calle Lincoyán ya te prepara un poco para lo que vivirás. Nuestra elección fue el menú de degustación de nueve tiempos. Cada plato te lleva a la profundidad de nuestro Norte. Y cuando digo profundidad, no exagero.

Los nueve platos creados por el chef y su equipo te hacen recordar cuán bondadoso y rico es nuestro país. Piure, luche, lapas, cochayuyo, guanaco, quinoa, chuño, cordero, rica-rica… uff. Y hay mucho más en esos nueve tiempos que, maridados con vinos nacionales, construyen una experiencia única.

Pero, como ellos profesan que «el secreto está en recordar», cada plato es más creativo que el anterior y cada uno está perfectamente ejecutado, dejando que cada sabor, insisto, te lleve a lo más profundo de nuestro hermoso y, a veces, olvidado Norte de Chile.

Aquí es donde me detengo y pienso en la importancia de lo que está haciendo el chef Javier Avilés Lira. Cómo está dando un mayor valor a la producción local, a sus tiempos y a sus procesos. Comer en Pulpería Santa Elvira se transforma en un acto cultural, de identidad y de memoria.

Me soplaron que la próxima inspiración será el sur de Chile. Imagino nuevamente mucho sabor a mar, ingredientes ahumados y piñones. Esas masas que solo las manos mapuches saben hacer.

Los invito a recordar qué sabores del sur de nuestro país conocen y, lo más importante, hacia dónde viajan cuando los recuerdan…


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